Desde niña me ha fascinado pintar y escribir. Siempre me ha gustado inventar historias, sumergiéndome entre las letras, volcando todos los sentimientos y emociones que llenan mi alma.
Cuando dibujo o pinto es como si intentara narrar algo. Cada cuadro es para mí una pequeña historia, la forma de retener en una escena todo un sin fín de acontecimientos, narrados a través de mezclas de colores.
Muchas de las historias que acompañan a mis pinturas son inventadas, los sentimientos que reflejo en ellos son totalmente autenticos. Todas son fruto de un impulso que un día, en un instante mágico, sintió mi alma.
Compartir tanto unas como otros es un placer que me llena de gozo.

domingo, 23 de diciembre de 2007

EL LLANTO DE LA MADRE TIERRA


Aquel verano decidimos conocer algo de los pirineos. Nos habían hablado mucho del Valle de Arán. Cogimos la autocaravana y nos dirigimos hacia allí. De vez en cuando parábamos un momento y mirábamos el mapa. Calculábamos que estábamos cerca cuando nos encontramos con un túnel. No nos fijamos en los carteles así que no nos dimos cuenta de su longitud. Nos adentramos en la oscuridad, la carretera se estrechaba cada vez más y la oscuridad nos tragó. A cada segundo creíamos que la luz se vería al final pero no era así, los kilómetros se sumaban. Toni agarraba fuerte el volante y yo no me atrevía a hablarle. El parecía asustado ya que cuando nos cruzábamos con otro coche parecía no haber sitio para los dos en la carretera. Yo no iba asustada, era más bien impresionada, dolida. Una sensación extraña se apoderaba de mí a cada kilómetro que avanzábamos. Cruzábamos las entrañas de la tierra y yo sentía su dolor. Cuando al fin la luz se dibujó al final del túnel mis pensamientos no estaban allí, se habían quedado atrapados dentro, escuchaba en mi interior una especie de llanto, el llanto de la madre tierra, esa madre tan bondadosa que nos brinda su ser para que vivamos en él, que nos alimenta con sus frutos, que nos ofrece sus maravillas para que las disfrutemos, y me preguntaba como podíamos ser tan desagradecidos que la tratábamos tan mal… talando y quemando sus bosques, matando sus animales, invadiendo sus costas, rebajando sus montañas… y la taladrábamos de esa manera tan monstruosa solo para satisfacer nuestros egoístas intereses.

Cuando cruzamos el túnel de Vielha pudimos disfrutar del hermoso valle de Arán. Disfrutamos de las maravillas de la naturaleza en todo su esplendor, pero yo no pude olvidarme de aquel llanto, y a la vuelta, al volver a cruzar aquella grieta desgarrada en el vientre de la tierra mi pensamiento seguía estando con ella. Al volver a casa cogí mis pinceles y mis óleos y traté de contar la historia de todos los sentimientos que me abordaron en aquel viaje inolvidable.

jdiana

1 comentario:

Aurora dijo...

Precioso escrito mi niña!!